Terquedad Política: La Empatía Peligrosa

Terquedad Política: La Empatía Peligrosa

Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, pues en teoría una ciudadanía informada, o desinformada, es la única responsable de la elección de sus representantes.

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En contraparte los candidatos echan mano de estrategias de propaganda y marketing para promover su imagen, aunque algunos otros dedican sus campañas a decir lo que piensan con terquedad y pocas ideas, lo que, al parecer, hace ganar más apoyo y aprobación.

A menos de dos meses de la selección del candidato presidencial de Estados Unidos, Donald Trump del Partido Republicano encabeza las preferencias en cuanto a delegados y él mismo hace honor al personaje del que estamos hablando: el terco que dice lo que piensa sin saber si quiera si es algo viable o benéfico para la sociedad.

Hablar de la necesidad de construir un muro o declararle la guerra a las minorías por el simple hecho de querer “devolverle la grandeza a un país” me recuerda a un candidato mexicano que durante su campaña, por ahí del año 2000, dijo que en 15 minutos arreglaría la problemática zapatista o que en un debate presidencial se llevara las palmas por solo decir “Hoy” o a otro que durante sus dos campañas presidenciales ha sacado cifras poco reales, acusando a otros candidatos o gobiernos de tenernos en el “despeñadero”. ¿De verdad ese tipo de personajes nos merecemos?

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Ante una crisis de representatividad y en general de la política, con recesiones, devaluaciones, delincuencia, terrorismo, narcotráfico y cientos de cosas que me faltan por enumerar, millones de ciudadanos en México y Estados Unidos estamos ávidos de escuchar a alguien que con seguridad y mucha terquedad nos diga “soluciones” que abanderen nuestros miedos.

Esta hueca sinceridad parece ser un fenómeno estudiado por muchos pero reconocido por muy pocos, pues entre más pasa el tiempo, los falsos profetas siguen ganando espacios de representación y con esto los peligros para las minorías aumentan más y más.

En México tuvimos la experiencia con el señor Vicente Fox, quien permaneció inmóvil durante gran parte de su gobierno y desde esos mismos tiempos tenemos a un líder obsesionado con el poder que predica en contra de una mafia a la que él mismo pertenece, si no habría que preguntarnos de qué ha vivido los últimos 9 años de su vida.

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En Estados Unidos un empresario hijo de inmigrantes gana espacios predicando el odio y la segregación pero con una inmovilidad impresionante en materia de políticas y propuestas.

Se dice que cada pueblo tiene el gobierno que se merece y en la actualidad la forma es fondo, pero esta forma debe estar en el fondo del mar… es responsabilidad de todos mandarla para allá.

Héctor Fiesco
Chilango, conductor, peatón y ciclista de ocasión. Dicen que soy obsesivo compulsivo pero no sé qué signifique eso. No soy muy exigente, me conformo con ser feliz.

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